domingo, 16 de abril de 2017

LLERENA Y QUEVEDO


 

En el Archivo Histórico Municipal de Llerena se custodia un importante fondo documental, a través del cual se puede construir una buena parte de su importante Historia desde finales del XVI.

A groso modo, diferenciamos tres secciones:

- Actas Capitulares que, con ciertas lagunas, recogen sesiones desde finales del XVI.

- Diversos libros monográficos sobre la hacienda local, toma de razón, pósito, arrendamiento de hierbas, pastos y bellotas, etc.

-  Y la de protocolos notariales, serie cuyas primeras referencias son también de finales del XVI.

Se estima que lo hoy custodiado no representan más que un 10% de la documentación generada en la ciudad a lo largo del Antiguo Régimen, echando en falta los expedientes judiciales de gobernación, los de visitas de residencia, el de la tesorería de la hacienda real,  así como los correspondientes a la Inquisición, Mesa Maestral, Provisorato, conventos, parroquias, obras pías, hospitales, capellanías, ermitas… En cualquier caso, un magnífico argumento para difundir su riqueza documental, acercando al gran público el extraordinario fondo que se custodia en nuestro archivo y revindicar así la historia de una ciudad orgullosa de su pasado.

       En efecto, miles de documentos e historias interesantes se localizan y narran en este importante fondo. En esta ocasión parece oportuno sacar a la luz un documento en el que intervino Francisco de Quevedo y Villegas,  allá por 1633, en su época de mayor esplendor literario (AMLl., Libro de Cuentas de Depositarios del Pósito, leg. 482-1, fol. 99 y ss.,  fotograma 203-207).

Dado que el oficio de literato no era muy rentable, Quevedo, una vez obtenido el título de caballero de la Orden de Santiago, que lucía con orgullo, pidió y se le concedió una escribanía en el Consejo Real de las Órdenes Militares, oficio que le reportaría una ayuda pecuniaria necesaria. Pues bien, en cierta ocasión intervino certificando y dando testimonio de fe y verdad sobre una carta real dando órdenes a don Juan Morante de la Madriz (nuevo gobernador de Llerena), para que tomara la residencia a su antecesor, don Agustín de Godoy.

En realidad, en el documento referenciado no aparece la firma de tan importantísimo personaje, pues lo que llegó a Llerena fue una transcripción de la misma, firmada por Gonzalo de Jaén, oficial comisionado por el Consejo Real de las Órdenes para seguir el proceso y cotejar la documentación generada en la toma de residencia citada, que no era más que una especie de inspección que el gobernador entrante (don Juan Morante de la Madriz) debía hacer sobre la gestión del gobernador saliente (don Agustín de Godoy), fiscalizando sus cuatro años de mandato.

El documento al que nos referimos es una carta-orden de Felipe IV en la cual, tras los créditos correspondiente (Felipe IV por la gracia de Dios rey de Castilla, León…), el monarca de dirige a don Juan Morantes de la Madriz (caballero de la Orden de Santiago, y caballerizo de la Reina doña Isabel, a quien le hace saber que, como nuevo gobernador de Llerena y su partido, estaba obligado a tomar la residencia (fiscalizar la labor) al anterior gobernador, don Agustín de Godoy, así como a su alcalde mayor, alguaciles, carceleros y demás ministros oficiales que hubiese tenido a su servicio en los años que gobernó Llerena y su partido, siguiendo lo dispuesto para ello en los Establecimientos y Leyes Capitulares santiaguistas.

-      En primer lugar debería mandar pregonar en el ámbito de su jurisdicción (Llerena y en las villas y lugares del partido de su gobernación) la toma de residencia referida, por si alguna persona tuviese quejas sobre las actuaciones de don Agustín de Godoy o sus oficiales, dando de plazo tres días para manifestarse.

-      También debía comprobar si su antecesor había cumplido, y hecho cumplir, fielmente con todas las disposiciones en vigor.

-      En cuanto a la impartición de justicia, debía comprobar si el gobernador saliente la había aplicado con equidad y mandado ejecutar las sentencias, recogiendo los reparos u observaciones que los vasallos pudieran sugerir.

-      Igualmente debía investigar si don Agustín había tomado residencia a los oficiales con voz y voto en el concejo de Llerena, y en los de su partido, así como a los fieles medidores, mayordomos, almotacenes y otros oficiales con responsabilidades en el cumplimiento de las Ordenanzas, cotejando la documentación generada al respecto, que debía estar custodiada en el Archivo de la Gobernación de Llerena.

-      También debía comprobar si había cumplido lo dispuesto por leyes y pragmáticas respecto a la guarda y conservación de los montes, la caza y la pesca, la distribución del pan de los pósitos, la administración de los propios y rentas, la imposición de sisas y derramas, así como el reparto de arbitrios, denunciando lo mal gastado y mandar su reposición.

-      Y, finalmente, debía recoger todas las anomalías observadas en el ejercicio de la residencia, haciendo partícipe de las mismas a los señores del Consejo de las Órdenes.

-      Firmado en Madrid, a cuatro de junio de 1633. Yo el rey, etc.


 
Concluye el documento con la certificación de don Francisco de Quevedo, expresada en los siguientes términos:

Yo, Francisco de Quebedo, escribano del rey nuestro señor y oficial mayor en la escribanía de Cámara del Consejo Real de las Órdenes, en lo tocante a la de Santiago, certifico y doy fe que por los señores del dicho Consejo en el presente día, mes y año, de pedimento del fiscal de él se prorrogaron diez días de más término para ultimar esta residencia en conformidad del título desta carta, que en todo son veinte días los que están concedido de término para la dicha residencia como costa del auto sobre ello proveydo que queda en este oficio, y para que de ello conste la presente, en Madrid a diez del mes de junio de mil y seiscientos y treinta y tres años, en testimonio de verdad, Francisco de Quebedo (Sin rubrica)

Debajo: En testimonio de verdad, Gonzalo de Jaén

 

viernes, 10 de marzo de 2017

LLERENA EN 1625: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA TOMA DE BREDA


 

(Fotografía de José Mª. Lepe de la Cámara)

        Los especialistas en el estudio de la España del XVII han convenido en considerar a 1625 como el annus mirabilis; es decir, año milagroso o excelente para los intereses de la monarquía hispánica, contando por éxito las múltiples contiendas en las que se involucraron los tercios españoles. En efecto, dentro del contexto de la guerra generalizada mantenida con ingleses y holandeses, los ejércitos de Felipe IV les derrotaron en Breda (Holanda) y en Salvador de Bahía (Brasil), éxitos a los que había que sumarle el rechazo sufrido por los ingleses en su intento de asalto a Cádiz y la arribada de la flota de Indias a la Península, sin novedad.

        En el Archivo Municipal de Llerena no se conservan las actas capitulares correspondientes a 1625, donde, sin duda, los escribanos habrían recogido una amplia información sobre el éxito de la armas de S. M. a lo largo del año. Por fortuna, se conserva un libro monográfico titulado Libro de toma de Razón (1613-1632)[1] donde solían recoger algunas de las circunstancias y hechos relacionados con la ciudad, para que de ello siempre se tuviese noticia y constancia. En el folio 102 y ss., fotograma 171 y ss. de la edición digital, tuvieron a bien narrar los actos que en acción de gracias a la divinidad se celebraron los primeros días de diciembre de 1625, reconociendo y agradeciéndole su intervención en la toma de Breda el primero de noviembre del citado año, así como los otros episodios ya reseñados.

        Por las fechas que nos ocupan el concejo de Llerena era uno de los más prestigioso e importante de su tiempo y espacio geopolítico, acogiendo múltiples instituciones, como:

-       El tenebroso Tribunal del Santo Oficio, con su cohorte de especialistas en las finanzas, la represión, la tortura y la intolerancia. 

-       La sede casi oficial del Priorato de San Marcos de León, con su pomposa e influyente curia.

-       La de gobernación, con la pléyade de oficiales que intervenían en sus numerosas competencias administrativas (gubernativa, fiscal, militar, judicial, etc.).

-       La tesorería de la Mesa Maestral, con intereses recaudatorios en la denominada Provincia de León de la Orden de Santiago en Extremadura.

-       Y la delegación o tesorería de servicios reales de su amplio  partido fiscal.

Seguramente, el concejo de los Reinos de España con la mayor concentración de autoridades y personas aforadas en proporción a su vecindario, a las que habría que sumarle ilustres visitantes, como los que concurrieron los días que nos ocupan, destacando especialmente al Capitán General de la Armada, don Agustín Mexia[2], recién llegado de Cádiz donde intervino en su defensa a las órdenes de don Fernando Girón. También estaban presentes   los condes de Paredes y Aguilar[3] (emparentado con el anterior),  don Antonio Chumacero (alcalde de Casa y Corte) y otros señores consejeros y capitanes, todos ellos invitados a los actos religiosos programados por el cabildo concejil.

En la guerra que la monarquía hispánica mantuvo contra ingleses y neerlandeses en América, Flandes y los Países Bajos, en 1590 la ciudad holandesa de Breda, que estaba en manos española desde 1581, fue objeto de un ataque por sorpresa, que con pocos efectivos sembraron el desconcierto y puso en fuga a los 600 soldados de la guarnición española que la defendían, episodio que, dado el valor estratégico de la ciudad y su excelente fortificación, supuso un rotundo éxito para los holandeses y un duro golpe en la moral y el prestigio de los famosos tercios españoles, del que años después se resarcirían.
 
 
(El sitio de Breda, por Pieter Snayers)

En efecto,  en 1624, bajo las órdenes del general Ambrosio Spinola, los tercios españoles asediaron la importante fortificación de Breda, defendida por unos 14.000 soldados bajo las órdenes de Mauricio de Nassau. Después de 11 meses de asedio y múltiples escaramuzas, Nassau rindió la ciudad a Spínola, escena magníficamente recogida por Velázquez, en el famoso cuadro de las Lanzas.

La victoria de Breda fue muy importante para los intereses de la monarquía hispánica, celebrándose con profusión en todo su territorio, como ocurrió en Llerena, según el texto que sigue:

Relación de lo que se hizo en hacimiento de gracias por los buenos sucesos que S. M tuvo en este año de 1625 en la toma de Breda y Brasil[4] y otras; y las rogativas a Ntra. Sra. de la Granada por aber cercado el inglés a Cádiz[5] y venida de los galeones (de América)[6] y procesiones generales que se hicieron.


Aviéndose rrecibido carta del Sr. Presidente de las Órdenes en que avisa que por decreto de S.M se a servido que esta ciudad haga gracias a ntro. sr. por las mercedes y misericordias que a hecho  a estos reynos favoreciendo el ejército católico en la toma de Breda, y en la de la isla del Brasil y otras,  se acuerda por el ayuntamiento que se convidasse el clero y religiosos para que asistiesen a dos procesiones generales en dos domingos secutivos, teniendo el Santísimo Sacramento descubierto en la yglesia mayor de Ntra. Señora de la granada adornado de mucha cera y de lo más necesario.

Hicieronse dos procesiones y actos con toda solemnidad cada un domingo, y la primera procesión fue a nuestra señora de la Conceción; y la segunda calle las armas a dar a San Francisco y volver por Santa Clara.

Sobre el asedio de Cádiz, a este tiempo se tuvo noticia que el inglés avia salteado a Cádiz y querido entrar y ganar la puente de çuaço al que acudió la gente de Jerez de la frontera, Sevilla y andalucia, viniendo  muchos príncipes y señores de Madrid y se defendió matando según relación 500 ombres…

En tan gran necesidad y conflito acudió el clero de la iglesia mayor a este consistorio con recado a los sres. Sacerdotes para que se continuasen los sufragios y que se hiciesse un novenario baxando de su tabernáculo a la sereníssima virgen de la granada al altar y andamio de la capilla mayor, y así se hicieses otra procesión general y que la ciudad (cabildo concejil) acudiesse con su acostumbrado socorro de cera para alumbrarla.

Hiçosse anssi, concurriendo la ciudad a la celebración de las missas y:

-       el primer día que fue domingo, día del gloriosos apóstol san Andrés celebró la iglesia mayor.

-      El segundo, lunes, vino la parroquial de Santiago.

-      El tercero, martes, la capilla de san juan.

-      El 4º, miércoles, el prior y frayles de santo domingo.

-      El 5º, jueves, el guardian y frayles de san francisco; este día vino nueva que la armada de la plata avia llegado en salvamento, aunque en su busca avia partido el ynglés.

-      El 6º día, viernes, vino el guardián y comunidad de los descalzos y cada uno en procesión con su cruz y salía la iglesia mayor con la suya a recibirlos a la puerta del perdón, y acabando de decir las missas vovían con su cruz.

-      Y las demás missas prosiguió en decirlas la iglesia mayor, hasta el lunes 8 de diciembre día de la ynmaculada…

Para esta fiesta (de la Inmaculada) convidó la ciudad (cabildo concejil) al muy reverendo padre fray juan de herrera, ministro provincial de nuestra sr. de la merced, que predicó. Y a este sermón y festividad asistió en la tribuna de la capilla el sr. don Agustín Mexia y los condes de paredes y Aguilar y otros señores consejeros y capitanes; y con la ciudad (cabildo) asistió el sr don Antonio chumaçero, alcalde de casa y cortes.

Dichas las vísperas, salió la procesión llevando la virgen sacerdotes y lo propio el palio, y fue por la calle las armas a la de Santiago y plaça de la inquisición, entrando por las yglesias de Santiago, santa ysabel y santa clara.

Y la iglesia (cabildo eclesiástico), para mayor solemnidad, convidó a quatro sacerdotes que con sobrepellices fuesen delante  de nuestra señora con quatro hachas (velones), y los ciudadanos que fuesen con hachas que fuesen el capitán Alonso zambrano de bolaño, don pedro de amezqueta, el licenciado Villarreal, el doctor salcedo, don francisco  y Alonso cazalla de león.

La ciudad dio hachas  de quatro pavilos  a todo su cavildo.

Al salir la procesión estaba esperándola a la puerta del perdón los señores condes de paredes y Aguilar, don juan de pedrossa del abito de Santiago del consejo de hazienda y guerra, don Antonio chumaçero, alcalde de casa y cortes y otros caballeros de abitos, capitanes, procurador, veedor, contador, pagador y quatro alguaciles de corte.

A los condes y consejeros dichos, cogio la ciudad en medio  y en esta forma fueron en la procesión.

Al principio desta novena fueron los comisarios para entender en ello  y proveer y dar la çera para alumbrar el santísimo sacramento y a ntra. Sr. El capitán Figueroa Majarrés y el licenciado Paçarro, regidores, convidaron a la clerecía de Santiago y la capillla (de San Juan Bautita) y los concentos de monjas a a pedirles hiciesen sufragaciones y disciplinas en este tiempo, y qsí lo hicieron y cumplieron. Y para que se entienda ser anssi lo firmaron en 10 de diciembre de 1625. Aparecen las firmas del licenciado Pizarro y de Rodrigo de Figueroa Majarrés

       

     Las tres importantes victorias de las armas de S.M. citadas se celebraron con sendos cuadros alegóricos, de los que, sin duda, el más famoso fue el de las lanzas. De la página del arte y la cultura en español (ArteHistoria), tomamos la siguiente referencia: Obra realizada para el Salón de Reinos del madrileño Palacio del Buen Retiro, actualmente destruido; se fecharía antes del mes de abril de 1635 y representa un episodio de la Guerra de Flandes ocurrido el 5 de junio de 1625. Tras un año de sitio por parte de las tropas españolas, la ciudad holandesa de Breda cayó rendida, lo que provocó que su gobernador, Justino de Nassau, entregara las llaves de la ciudad al general vencedor, Ambrosio de Spínola. Pero Velázquez no representa una rendición normal sino que Spínola levanta al vencido para evitar una humillación del derrotado; así, el centro de la composición es la llave y los dos generales. Las tropas españolas aparecen a la derecha, tras el caballo, representadas como hombres experimentados, con sus picas ascendentes que consideradas lanzas por error dan título al cuadro. A la izquierda se sitúan los holandeses, hombres jóvenes e inexpertos, cuyo grupo cierra el otro caballo. Todas las figuras parecen auténticos retratos aunque no se ha podido identificar a ninguno de ellos, a excepción del posible autorretrato de Velázquez, que sería el último hombre de la derecha; al fondo aparecen las humaredas de la batalla y una vista en perspectiva de la zona de Breda. La composición está estructurada a través de dos rectángulos: uno para las figuras y otro para el paisaje. Los hombres se articulan a su vez a lo largo de un aspa en profundidad, cerrando dicho rectángulo con los caballos de los generales. La técnica pictórica que utiliza aquí el artista no es siempre la misma sino que se adapta a la calidad de los materiales que representa, pudiendo ser bien compacta, como en la capa de la figura de la izquierda, bien suelta, como en la banda y armadura de Spínola. Breda volvió para siempre a manos holandesas en 1639.

El rechazo de la flota inglesa en Cádiz fue encargado y recogido años después por otro importantísimo pintor, precisamente avecindado por aquellas fechas en Llerena. Nos referimos al gran Zurbarán y su obra titulada Defensa de Cádiz donde, en el centro del primer plano, recoge la figura erguida de don Agustín Mexias,  Capitán General de la Armada, con el que coincidió en Llerena en los días que nos ocupan[7].
También e la página del arte y la cultura en español (Artehistoria), tomamos la siguiente referencia: La fama cosechada por Zurbarán en Sevilla motivó su llamada para trabajar en Madrid, concretamente en la decoración del monumental Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, donde trabajará al lado de Velázquez quién realizará para el mismo lugar el famoso cuadro de Las Lanzas. Zurbarán deberá realizar dos obras de historia, una de las cuales se ha perdido - "La expulsión de los holandeses de la isla de San Martín" - y diez cuadros sobre pasajes de la vida de Hércules destinados a las sobreventanas. La Defensa de Cádiz frente a los ingleses recoge un episodio de la historia contemporánea a Zurbarán. En primer plano, vemos a Don Fernando Girón sentado en una silla a causa de su enfermedad, dictando las órdenes necesarias a sus capitanes. En el fondo, se aprecian las tropas españolas en tierra y el mar lleno de naves inglesas. Zurbarán consigue dar dosis de credibilidad a los personajes de primer plano al otorgarles realismo en sus gestos y un buen lujo de detalles a sus vestimentas. Pero en el fondo del cuadro muestra sus limitaciones, ya que apenas sabe dar sensación de profundidad y perspectiva, por lo que la escena se asemeja a una obra de teatro, con los personajes dispuestos en las tablas recortándose sobre la tramoya.

El cuadro titulado la Recuperación de San Salvador Bahía rememora la hazaña de don Fadrique de Toledo, quien en 1625 arrebató a los holandeses el puerto brasileño de Bahía de Todos los Santos para devolvérselo a la Corona española. La obra fue pintada en la madurez de Maíno, evidenciando el dominio de la luminosidad y del color así como la originalidad con la que trata el tema.


[1] AMLl., leg. 486-3.
[2] Agustín Mexía Carrillo y Manrique de Lara: (* 1555; † Madrid, 11 de marzo de 1629), descendiente de la casa de los condes de Paredes, fue Caballero De Santiago, Comendador de Calzadilla (1589-96), Bienvenida (1596-1605),  Alange (1605-1629) y Trece de La Orden, Gentilhombre de Cámara y Boca de S.M., Grande De España (1629), Capitán Infantería Española (1573), luego de Caballos (1576-1587), Maestre De Campo Infantería Española (1587-1596), Castellano de Amberes (1596-160?), Maestre de Campo General de España (1609), Gobernador de las Armas (1616), Capitán General de la Armada (1625), Consejero de Estado de Felipe IV  (1621-1629).
[3] Manuel Manrique de Lara y Manrique de Acuña
[4] Según tomamos de la Wikipedia, el hecho conmemorado fue la recuperación en la Jornada del Brasil de 1625 de la plaza de Salvador de Bahía de Todos los Santos, que los holandeses habían tomado un año antes, por una flota hispano-portuguesa formada por cincuenta y dos barcos y doce mil hombres al mando de Fadrique de Toledo. La noticia de la victoria fue recibida en la península con numerosas muestras de alegría y a ella dedicó Lope de Vega una obra teatral estrenada en noviembre del mismo año con el título el Brasil restituido.
[5] El 8 de febrero de 1625 el rey Felipe IV ordenó a don Fernando Girón de Salcedo (1564-1631) que organizase la defensa de la ciudad de Cádiz ante un posible ataque por parte de los ingleses, un ataque que al final se produjo el 1 de noviembre de ese mismo año, cuando las tropas inglesas, provistas de una poderosa flota comandada por Lord Wimbledon, se habían hecho fuertes en la torre del Puntal de Cádiz. Don Fernando Girón dictó las órdenes necesarias para la defensa de la ciudad a pesar de estar enfermo de gota. Las escasas tropas de la ciudad lograron resistir hasta la llegada de los refuerzos al mando del Duque de Medina-Sidonia junto a las milicias urbanas. Se consiguió levantar el campamento enemigo, obligándoles a la retirada, habiendo perdido previamente unos mil hombres.
[6] Tras la expansión y colonización del continente americano desde su descubrimiento se desarrolló un férreo monopolio comercial entre España y sus colonias situadas a la otra orilla del Atlántico. La necesidad de proteger a los barcos y su mercancía de posibles ataques de los piratas ingleses, obligó a la creación de un sistema de flotas en 1556 conocida como Flota de Indias.
[7] Otros autores lo identifican con distintos personajes de la época.


sábado, 4 de febrero de 2017

LUCHA CONTRA EL CÁNCER



 
¡Hola amig@s!

      Hoy, 4 de febrero, lo hemos dedicado a concienciarnos sobre el problema del Cáncer. Los enfermos, sus allegados, la Asociación Española contra el Cáncer y otras organizaciones similares precisamos de tu ayuda.
 
 


      Pedimos que te cuides, vigiles la salud, sigas las recomendaciones preventivas aconsejadas por los médicos y evites los factores usuales de riesgo.
      También, que animes, alivies y comprendas a los que padecemos la enfermedad y sufrimos los molestos efectos secundarios de los tratamientos, así como a nuestros familiares y amigos.



      En lo personal, te cuento que, precisamente hoy, ya hace dos años que los cirujanos extirparon el lóbulo superior izquierdo de mis pulmones. Gracias a Dios, la Naturaleza, las Ciencias, la Tecnología, el personal y el sistema sanitario, tu ayuda, la de mi familia y la de los amigos me encuentro bien, pues esto se supera.
      Gracias 


jueves, 2 de febrero de 2017

APOYO DE LLERENA A LA MILICIA URBANA EN 1835


 

La Milicia Nacional surgió en España a principios del XVIII, durante la Guerra de Sucesión. Se trataba de un cuerpo cívico-militar que renació y tuvo una importancia extraordinaria un siglo después, durante la Guerra de la Independencia, organizado y armado por las Juntas Locales y Provinciales constituidas en los distintos pueblos y capitales de España en su lucha contra el ejército francés.

 
        Resurgió en 1835 con el nombre de Milicia Urbana, bajo la regencia de María Cristina (Ley sobre organización de la Milicia Urbana sancionada por S.M. la reina gobernadora en 23 de marzo de 1835).
Del texto legal anterior reproducimos algunos de sus artículos:

 


La regulación sobre el armamento, el equipo y el vestuario viene descrita en el artículo 27 y ss.:
 


 

Precisamente para aliviar las finanzas de los milicianos y patriotas de Llerena, los representantes de las más destacadas instituciones asentadas aún en la ciudad y los principales hacendados locales colaboraron con una importante cantidad de dinero que sirvió para armarlos y equiparlos, según se recoge en el Boletín Oficial de la Provincia de Badajoz, en su edición del 23 de junio de 1835:
 

De otros boletines de la provincia también correspondientes 1835 tomamos, como curiosidad, las siguientes noticias: