domingo, 8 de mayo de 2016

ESPLENDOR Y DECLIVE DE LOS DOMINICOS EN LLERENA



                  (Archivo virtual de Defensa, leg. 557)

Siguiendo el importante y ya clásico estudio de Pilar de la Peña (Arquitectura y urbanismo de Llerena, Cáceres, 1991), a principios de 1554 el concejo de Llerena mostró vivo interés en que la Orden de Santo Domingo se instalase en la entonces villa cabecera del extenso partido de su nombre. Para ello, se prestaba el cabildo concejil a ayudarles pecuniariamente en el levantamiento de la fábrica del edificio conventual, cediéndoles además un extenso solar en el arrabal de San Antón, extramuros de la villa, y una parcela de diez fanegas en el ejido aledaño, donde precisamente se ubicaba la ermita de San Antón. Como contraprestación, el cabildo exigía que …al menos un religioso del claustro debía ser docto en Teoloxia, Filosophia y Arte, que ordinariamente lea y haga una lección cada día (…) para que todos los vecinos de esta villa que la quisieren yr a oír lo puedan hacer

El solar al que nos referimos quedaba situado en la parte de la ronda externa de la muralla que caía a la altura del portillo del Rosario (al fondo de la actual calle de su nombre), a unos 150 pasos al frente de dicho portillo y a 200 de la actual Puerta de Montemolín, justo donde estaba ubicada la ermita de San Antón, que el cabildo proponía que quedara incluida dentro del recinto conventual, …porque la Yglesia es muy buena e ay agua junto a ella y está çerca de dicho pueblo para confisiones y sermones y leçiones y enterramientos…
 

Es decir, sobre el plano actual de la ciudad, el edificio, los patios, el jardín y la huerta anexa ocuparía la zona trapezoidal del casco urbano delimitado lateralmente por las calles Convento de Santo Domingo y Convento de San Francisco, atrás, en su lado más ancho, por la calle Convento de Santa Ana, y delante la porción correspondiente del Paseo de San Antón.

Superada la usual burocracia de la época, las obras del convento de San Antonio Abad se iniciaron en 1558, añadiéndole progresivamente nuevas dependencias y acomodando la planta de la antigua ermita a las nuevas exigencias, como afirma Pilar de la Peña, autora que también nos proporciona la noticia de que por aquellas fechas se estaban instalando en Llerena los franciscanos de San Buenaventura y las monjas concepcionistas, éstas prácticamente enfrente de los dominicos, justo al otro lado de la muralla, construyendo su convento en torno a la iglesia y al hospital anexo de la Concepción, ya existentes.

Pocas noticias hemos podido recopilar sobre el convento dominico de Llerena, aparte de lo ya compendiado por Pilar de Peña. Suponemos, porque no se ha localizado información al respecto, que la presencia en la villa maestral del influyente dominico fray Alonso de la Fuente allanaría el terreno para la definitiva implantación de los hermanos de su orden, una vez que a principios de 1572 consiguió el traslado desde Sevilla a Llerena, ocupando en la villa santiaguista el cargo de predicador en el convento de San Antonio Abad, además del rentable beneficio de capellán mayor de la capellanía de Engorrilla, la institución de crédito más importante de la villa, junto con la representada por el convento de clarisas de la calle de la Corredera.

Como ya es conocido, en Llerena fray Alonso se empleó en la pertinaz persecución de lo que su exacerbada ortodoxia consideraba como secta de los alumbrados, adoptando una posición cada vez más inflexible y radical contra ciertos clérigos de celibato relajado en connivencia con determinadas mujeres de vida promiscua, a quienes consiguió llevar a la farsa del Auto de Fe de celebrado el 14 de junio de 1579, que tanto protagonismo le dio a la Llerena del XVI, dejando una huella indeleble en el devenir histórico de la ciudad (más datos sobre el dominico en este mismo blog, bajo las etiquetas: inquisición y/o los alumbrados de Llerena: ¿mito o realidad?)

En 1640, el licenciado y cronista Morillo de Valencia, en su Compendio o laconismo sobre la Historia de la ciudad de Llerena… confirma la importante dedicación de los dominicos a la enseñanza, al considerar en su crónica la enorme figura del teólogo Juan Maldonado, también conocido como Juan de Casas de Reina. Sobre este particular, el licenciado Morillo decía:

Como a media legua de la ciudad de Llerena está el lugar de Las Casas de Reina, que es de su jurisdicción, que no la tiene más que en las causas de menor cuantía, y es su aldea, y como su arrabal , y no será alargarme poner un natural de este lugar en el número de los escritores Teólogos de Llerena, pues comenzó a estudiar en ella y tiene deudos muy cercanos, y no sólo ha sido honra del lugar donde nació, y de Llerena su cabeza, pues ha ilustrado a toda España y a Europa. Comenzó sus estudios en el Convento de Santo Domingo de Llerena, recién fundado, donde se leía Latinidad, y me dijo Francisco de Mena Silíceo, hombre principal, que le había oído al licenciado Fernando Moreno, del hábito de Santiago y cura de la parroquia de Ntra. Sra. De la Granada, que entonces oyeron juntos la Gramática en aquel convento… (más información en manuelmaldonadofernandez.blogspot.com, etiqueta Reforma y contrarreforma…)

Poco después, como buena muestra de las seculares luchas cainitas existente entre los frailes de las distintas órdenes religiosas, la supremacía de los dominicos en Llerena se vio amenazada cuando los jesuitas iniciaron en 1647 los trámites precisos para instalarse en la ciudad, con la decidida intención de fundar un centro dedicado a la enseñanza, en franca competencia con los dominicos. Inmediatamente que los frailes de los tres conventos masculinos de Llerena tuvieron noticias de estas intenciones, trataron de evitarlo. Así, el 28 de noviembre de dicho año, el padre fray Pedro de Castilla (prior y presidente del Convento de San Antonio Abad de la orden de Santo Domingo), el padre fray Antonio Escudero (vicario presidente del convento de San Francisco) y el Padre Francisco Martín de Salavera (predicador y Guardián del Convento de San Sebastián), por sí y en nombres de los religiosos que representaban, otorgaron el poder requerido en derecho al padre fray Alonso de Romera, predicador y guardián del convento de San Francisco de la villa de Hornachos, para que compadeciera ante el Vicario General de la Provincia de León de la Orden de Santiago y contradijera la pretensión de los jesuitas. Alegaban que ya existían suficiente número de clérigos regulares y seculares en la ciudad (APNLl, lib. de 1647, escritura de poder firmada el 28 de noviembre de 1647, ante Cristóbal de la Huerta).

Las autoridades religiosas desestimaron las pretensiones de franciscanos y dominicos, instalándose los jesuitas en Llerena, donde, poco a poco, se rodearon de una extraordinaria influencia y amasaron un importante patrimonio, cuyas mejores joyas estaban representadas por la magnífica iglesia de la Plaza de los Ajos y el extraordinario convento y colegio que la arropaban, donde se impartían enseñanzas de segundo nivel hasta que en 1768,  por motivos de recelos políticos de dudosa legitimidad, Carlos III expulsó a los jesuitas de los reinos de España.

Justo por estas fechas, los dominicos de San Antonio Abad y su convento estaban involucrados en un profundo decaimiento moral y arquitectónico, respectivamente, que concluyó con su desaparición. Entre los muchos escándalos en los que se implicaron sus frailes destacó el asesinato en 1768 de fray Juan de Orellana, su prior, a manos de tres de sus hermanos de hábito, noticias de las que no han quedado resquicios alguno en los archivos de la ciudad, pues según el profesor Salvador Daza Palacios (“Acontecimientos extraordinarios en la ciudad de Llerena, 1767-1772”, en Revista de Estudios Extremeños, T. LVI, nº 2, Badajoz, 2000), por aquellas fechas Llerena fue escenario de múltiples anomalías administrativas, aparte de las seculares disputas protocolarias entre los distintos estamento de la ciudad, de las cuales ya nos hemos hecho eco en otras ocasiones (“Relaciones protocolarias entre el Tribunal de la Inquisición y el cabildo concejil de Llerena”, en Actas de las XV Jornadas de Historia, Llerena, 2015). Entiende el citado autor, como ya también hemos considerado en otras ocasiones, que estas anomalías pudieran justifican el importante hueco documental que aparece en los distintos archivos de la ciudad, vacío interesado que por causas muy diversas se prolongó desde 1766 hasta finales de la tercera década del XIX, y que nos oculta, aparte del crimen citado, un intento de prender fuego a la casa del gobernador, la malversación de los bienes de la Compañía de Jesús a partir de 1767 (algo de lo sucedido relata el profesor Daza al final de su artículo), la aplicación local de la llamada reforma agraria propuesta por los ilustrados durante las tres últimas décadas del XVIII, la desamortización de los bienes de cofradías, obras pías de finales del XVIII, la incidencia de la epidemia de fiebre amarilla de principios del XIX, los sucesos de la Guerra de Independencia, la incidencia en la ciudad del funesto reinado de Fernando VII, el proceso seguido en la desamortización de Mendizábal de 1836…, todo ello en una ciudad que, como centro administrativo de primera magnitud,  acogía y, por lo tanto, producía documentación de numerosas instituciones, como:

-       El tenebroso Tribunal del Santo Oficio, con su cohorte de especialistas en las finanzas, la represión, la tortura y la intolerancia. 

-       La sede casi oficial del Priorato de San Marcos de León, con su pomposa e influyente curia.

-       La de gobernación, con la pléyade de oficiales que participaban en el desarrollo de sus múltiples competencias administrativas (gubernativa, fiscal, militar, judicial, etc.).

-       La tesorería de la Mesa Maestral, con intereses recaudatorios en la denominada Provincia de León de la Orden de Santiago en Extremadura.

-       Y la delegación o tesorería de servicios reales de su amplio  partido fiscal.

A ello habría que sumarle la documentación generada por el ingente número de clérigos seculares y regulares, el empadronamiento de numerosos hidalgos y hacendados, así como el derivado la presencia del poderoso cuerpo de regidores perpetuos del cabildo concejil. En definitiva, seguramente el concejo de los Reinos de España con la mayor concentración de autoridades y personas aforadas en proporción a su vecindario, de tal manera que en unos trescientos metros a la redonda se concentraban las oficinas de gobernación, la sede del tribunal inquisitorial, las dependencias y bastimentos de la Mesa Maestral, las casas consistoriales, el palacio del provisor y su curia, las sacristía de las dos importantes y acaudaladas parroquias (a las que se asociaban un centenar largo de clérigos xxx distribuidos en las distintas categorías propias de la carrera eclesiástica), así como nueve conventos de monjas y frailes cuyos claustros albergaban casi dos centenares de religiosos). En total, algo más de 400 personas asociadas directa o indirectamente con el estamento clerical, a quienes había que mantener decentemente por los 5.048 habitantes asentados en la ciudad (según el censo de Floridablanca de 1787), aunque en opinión de Alfranca (intendente para el Interrogatorio propuesto por la Real Audiencia de Extremadura en 1791), algunos clérigos se mantenían con dificultad, teniendo que emplearse en actividades impropias de su condición, como el contrabando y el estraperlo. 

Centrándonos en los dominicos, el mejor resumen de los hechos acontecido en el convento de San Antonio Abad nos lo proporciona el sanluqueño Salvador Daza Palacios (art. cit.), que toma cartas en el asunto al emprender un trabajo sobre la muerte de una doncella de Sanlúcar de Barrameda a manos de un fraile de esta ciudad, en cuya causa y proceso salió a relucir lo ocurrido y juzgado con motivo del asesinato del prior de convento de San Antonio Abad. El profesor Daza se apoya en un extraordinario documento localizado en la Biblioteca Nacional, que corresponde al Mss. 19.330 (Micro. 5411, ff. 379-383) y que recoge una carta del marqués de Valdeloro (entonces gobernador de Llerena) a don Vicente Domínguez, sintetizando el proceso formado en la ciudad de Llerena en el caso del asesinato del prior. Textualmente, con nuestro agradecido reconocimiento al profesor Daza:

Amigo, dueño y señor: Cumpliendo con lo que ofrecí a V.S. cuando le di aviso de la maldad sucedida en el Convento de Santo Domingo, diré lo que pasta ahora resulta de los autos, aunque extractados.

La causa de los frailes dominicos (en la) que ha actuado este caballero provisor, la remitió el correo al Consejo con testimonio de los autos; de ellos, resultan reos los dos sacerdotes fray Thomas Martin y fray Francisco Cisneros", con el Lego fray Francisco Vegines, confesos los tres así en la muerte de su último prelado, el prior fray Juan de Orellana, como en la del superior que hace cuatro meses mataron con veneno; como igualmente haber dado el mismo tósigo al prior antecedente al difunto; quien a beneficio de su robustez, y al breve remedio de un antídoto, pudo salvar la vida.

En el careo, que duró desde las ocho de la mañana hasta las siete de la noche, se contradijeron mutuamente repetidas veces en algunas materialidades, que no obstan al cuerpo del delito; conviniendo unánimes en que, de (común) acuerdo, le echaron veneno en una tortilla que sirvió de cena a dicho prior difunto. Y que no habiendo surtido el deseado efecto, determinaron matarle de una suerte o de otra; para cuyo fin, buscaron un asesino, el que entrando en la celda prioral con el honesto pretexto de entregar una carta al dicho prior, estándola leyendo, le dio en la cabeza dos golpes con un palo; y cayendo al suelo dicho prior aturdido, huyó con aceleración el asesino.

El modo que estos frailes tuvieron de acabar con su vida, es horroroso: tres veces, se determinaron furiosos a hacerlo; y otras tantas, movidos de las lastimosas persuasiones del paciente le perdonaron, y, curándole las heridas, trataron de ello, llevándole el padre Cisneros a su celda para que en ella se recobrase; pero no contentos los otros dos con haber dado principio a la muerte del dicho prior, quisieron perfeccionar esta execrable maldad; para cuyo fin entraron en dicha celda diciendo al padre Cisneros que inmediatamente lo confesara que no había remedio, que venían determinados a matarle. En efecto, viendo la ceguedad en que el común enemigo los tenía puestos, se vio en la precisión de hacerlo, y habiendo acabado de hacerlo, pudo dicho prior apagar la luz y salirse a los corredores. Entonces fue cuando todos (los) tres, sin que se haya averiguado cual haya sido el primero, le dieron más de veinte puñaladas en la cabeza, con las que expiró, dando en sus últimas razones las vivas muestras de su resignación.

Hecho esto, robaron las arcas, partiendo el dinero con igualdad, como buenos hermanos, como también el chocolate, pañuelos y demás muebles que hallaron en la celda prioral. En medio de esta justificación, se mantienen los reos con una serenidad de ánimo especialmente el lector Martin, que es habilísimo, que exclamó en el careo repetidas veces, hablando con los otros padres:

No nos cansemos, dijo, que esta es disposición del Altísimo para que paguemos en esta vida no tan solamente las culpas que aquí confesamos, sino infinidad de atrocidades que cada uno de nosotros hemos cometido; andar variando, discordes en materialidades, es irritar a ambas Justicias; todos tres somos igualmente cómplices en las dos muertes y en los tres robos, y en haber dado veneno al superior; en apartándose ustedes un punto de esta legal confesión, faltan a la verdad prometida en el juramento, y solo hay la diferencia entre los tres de que yo, en nuestros desaciertos, he facilitado los medios.

Los motivos que el prior difunto dio a estos hombres para este atentado tan horroroso, fueron el reprender paternalmente la estragada vida que traían, diametralmente opuesta a las costumbres religiosas y a la pureza que debían guardar. Y viendo el poco fruto que prometían estas suaves persuasiones, determinó ponerlo en noticia del padre provincial, a cuyo efecto escribió una carta, fiando echarla en el correo al cuidado de un (tal) Don Juan de Arroyo, sujeto de alguna esfera, a quien la cortedad de medios hizo asentir a las solicitudes de los religiosos, a efecto de abrirla, como lo hicieron; cuyo contexto irrito sus ánimos hasta conducirlos a los últimos periodos del precipicio

El dicho Arroyo y (el) Administrador de Correos de esta ciudad dieron, el mismo día de la muerte, una certificación, que está inserta en los autos, en que expresan haber visto el cadáver con un semblante natural, sin que de él se pudiera maliciar la menor violencia en dicha muerte. Añadiendo que olía mal, siendo así que a las diez horas de su muerte se enterró. Este hecho acredita en ambos una suma sandez, aunque perniciosa su facilidad (para) una cosa enteramente remota de su oficio y del conocimiento de su ejercicio y facultades.

El otro lego, llamado fray Joaquín, aunque no asistió a dicha muerte, a lo menos asintió a ella por su omisión; aunque habiéndole hecho cargo (de) por qué no había dado cuenta de lo que pasaba respondido: que porque lo habían amenazado que si decía algo, había de morir también. Este es un lego metido a místico y un gran simplón.

También hay (en esta ciudad unos) gitanos honrados, que dices que dos años hace que estos frailes atacaron a un tal Juan Antonio Suarez, avecindado en esta ciudad, para que asesinase al prior pasado; a lo que se excusó diciéndoles mil oprobios; y que si alguno se arrimaba a él, le había de echar las tripas fuera con las tijeras; y que el no haberlo revelado a nadie fue por el miedo que tenía de que lo matasen: el principio de la conversación fue que lo hacían reo.

Que es cuanto sobre el particular ocurre. B.L.M. de V.S., su mayor servidor, el Marqués de Valdeloro.

Como se aprecia, el documento no tiene desperdicio. Sin embargo, pese a la contundencia del informe emitido por el marqués de Valdeloro (gobernador de partido Llerena y, como tal, juez de segunda instancia) las consecuencias del crimen no llegaron a ser grave para los autores de tanta atrocidad, según palabras del juez sanluqueño que intervino en el caso de Sanlúcar, quedando prácticamente sus autores impune, si bien el convento entró en una etapa decadente de la cual no se recuperaría.

En efecto, en 1798 la comunidad de dominicos de Llerena había quedado reducido a sólo tres hermanos, incapaces de sostener la ruina del ya destartalado edificio. Bajo estas circunstancias, por una Real Orden de 16 de julio de 1798 el convento fue suprimido, pasando sus dependencias y bienes al patrimonio real. En concreto:

-       El edificio conventual y la iglesia aneja.

-      Unas diez fanegas que poseía en sus costeros y traseras, con olivos, tierras de pan llevar, huerto y noria con alberca.

-      Una pieza de tierra situada en el ejido de las Piedras Baratas.

-      Y varios censos o hipotecas, que en conjunto rentaban 1.413 reales anuales.

Al parecer, la decadencia y el desprestigio que para estas fechas afectaban a la Orden de los Dominicos tuvieron mucho que ver en esta decisión real, particularmente teniendo en cuenta los antecedentes relatados y el estado de ruina que presentaba el edificio. Bajo estas condiciones, con los jesuitas fuera de la ciudad (expulsados de España y sus colonias), el cabido concejil barajó varias alternativas para reemplazarlos, proponiendo el edificio conventual como seminario conciliar para el priorato de San Marcos de León en Extremadura, o para acoger a frailes de otras órdenes, como mercedarios o hermanos de la Escuela Pía. Nada de ello fue posible por el  momento, tomando la hacienda real en 1800 la decisión de derruir el edificio conventual y vender los materiales reutilizables, para lo cual se comisionó a don José Prieto,  ingeniero militar, para levantar el croquis que encabeza este artículo, que nos aproxima con muchos detalles al edificio conventual y su distribución, del que no quedan vestigios alguno en la actualidad.

        Pues bien, siguiendo el croquis del citado ingeniero, acotado en sus líneas más significativas por números que expresan sus dimensiones en varas castellanas (una vara igual a 0,835905 m) el edificio se organizaba alrededor de dos patios, quedando la parte más noble alrededor del posterior, mientras que el otro se reducía a un simple espacio delimitado por tapias y una puerta de acceso situada frente a los restos de la muralla situados entonces donde hoy se localizan las viviendas de la acera más interior de la actual calle de Santo Domingo. Rodeando al edificio se localizaba un jardín y una huerta con noria y alberca (lateral izquierdo, según se entraba en el edificio) y una tierra de secano y olivos de unas 9 fanegas, la mayor parte distribuida por las traseras, en dirección al actual ambulatorio.
 
El conjunto estaba distribuido así:
A : Atrio o patio cercado de tapias. B: Portería y entrada principal. C: Corredores sin comunicación; el de la izquierda cerrado hasta el arranque de los arcos y el que está al frente con sólo una pequeña ventana en el claro de la curva de cada uno. D: Claustro con 14 arcos distribuidos en dos de sus cuatro costeros. E: Celdas. F: Almacén para distintos efectos. G: Escalera de acceso al piso superior. H: Cocina. I: Despensa. J: Refectorio o comedor. K: Comunes. L: Patio interior con dos pozos. M: Antigua ermita de San Antón, muy modificada. N: Capillas laterales. O: Sacristía. P: Pasillo de acceso a la Capilla, que en el piso superior se corresponde con otro que comunicaba con las tribunas que se hallaban sobre las naves colaterales y coro en la parte de la Iglesia más distantes del altar mayor. Q: Jardines o pequeños huertos R: Huerta del convento, con noria y alberca. S: Cerca grande con algunos pies de olivos, de una nueve fanegas en sembradura de trigo.

Especifica el arquitecto en las notas añadidas en el croquis, que la planta de arriba básicamente era como la de abajo, salvo en la zona ocupada por la Iglesia (esto no lo contempla, pero se sobreentiende), resaltando que la parte que corresponde al tránsito que ocupaba el refectorio, portería y sacristía estaba representada en la planta superior por cinco celdas. En total, contenía 12 celdas.

Advierte en sus notas que el claustro (D) y corredores (C)  del piso inferior estaban cubiertos por bóvedas por arista, mientras que las correspondientes en el piso superior carecían de ellas, como también las otras techumbres del convento, quedando sólo cubiertas con tejas. La excepción se encentraba en los tres últimos tramos del claustro superior más próximos a la zona comunes (K), que se hallaba del todo descubierto y servían como terrado o azotea.

También añade que las bóvedas que cubría la Iglesia se encontraban en el mejor estado posible de perfección y seguridad, exceptuando su media naranja (cúpula) que se hallaba próximo a la ruina, al igual que las paredes salientes que quedaban al frente de la escalera y el tejado que cubría la cocina y la sacristía que daba al patio.

Afirma que una buena parte de los daños observados eran consecuencia de los robos de maderas, tejas, puertas, ventanas y rejas producidos como consecuencia del abandono sufrido en los últimos tres años y medios.

Y por último, aparte de referenciar el edificio respecto a los de su alrededores (al frente a 120 varas de los muros que tuvo la ciudad, y por su derecha, según se salía del convento por su puerta principal, a  60 varas en la dirección T-V de las cuadras del Cuartel de Caballería que quedaba casi frente a la Puerta de Montemolín, solar hoy ocupado por el grupo escolar y el antiguo ambulatorio), el arquitecto estima que el edificio mandado a derruir, vender sus materiales y depositar el producto en las arcas de la Hacienda Real, fácilmente, y sin mucho costo, pudiera tener una acertada reutilización como cómodo Cuarte de Caballería, según el croquis que adjunta a continuación.

 
      A: Puertas y entradas principales; B: Cuerpo de guardia. C: Cuarto para el oficial del piquete. D: Cuarto para la cantina y vivandero. E: Oficina para el albéitar o herrador. F: Zonas comunes. G: Ídem altos con un pequeño patio para su ventilación. H: Cocina. I: Almacenes. J: Escalera de acceso a primera planta. K: Prisiones que ocupa todo el bajo de la escalera anterior. L: Caballerizas de 4 pie por pesebre. M: Ídem para los de beneficio. N: Ídem para los caballos enfermos de cojera. O: Ídem para los de cuidados o enfermedad grave.  P: Ídem para los de contagios. Q: Corredores. R: Patios con dos pozos.

 
 
                                                           (Alzado transversal)
 
         (Alzado en profundidad) 
          Advierte mediante distintas notas que el cuartel de caballería en que con poco costo para la hacienda real se transformaría el convento comprendería dos partes: la primera o exterior de sólo un piso; y la segunda o interior de dos. El piso superior de esta última parte sería prácticamente igual al inferior, por lo que no se reflejaba su distribución. Ofrece más información al respecto, que ahorramos porque en realidad el proyecto no llegó a ejecutarse, especialmente porque el nuevo edificio colindaba con otro destinado a estos menesteres, situado a la derecha según se salía del convento, es decir, frente a la Puerta de Montemolín, esquina con la avenida ancha que va hacia Trasierra.


          (Notas sobre el proyecto del nuevo cuartel)

 
 

viernes, 22 de abril de 2016

FEDERICO ORTÉS Y CERVANTES




 Hoy, 22 de abril de 2016, se cumplen 400 años de la muerte de Cervantes (1547-1616), que falleció en Madrid, a la edad de sesenta y ocho años.
El mundo cervantino lo conmemora con multitud de actividades culturales, pues el personaje y su obra así lo merecen. Por ello, también hemos decidido sumarnos a la importante efeméride, cediendo la palabra y el protagonismo a nuestro paisano Federico Ortés Sánchez, experto cervantinista que, con su trabajo, tiempo y hacienda, quijotescamente anda involucrado desde hace años en estas cuestiones.

Federico nació en Trasierra, que no es mal lugar para ello, desarrollando su ciclo vital con una infancia fuentearqueña, bachillerato llerenense y licenciatura hispalense, en cuyo entono desenvolvió su vida profesional como como profesor de instituto, siempre sin desvincularse de Fuente del Arco, donde actualmente desarrolla su serena jubilación. Tiene por pasión el mundo de Cervantes y, al parecer, practica el quijotismo, corriente vital hoy en desuso, especialmente en un país donde los figurones se imponen a las figuras, el bobo paniaguado al honrado trabajador, la endogamia y el nepotismo a la inteligencia, lo oficial a lo extraoficial, lo institucionalizado y subvencionado al emprendimiento…

Bueno, bueno…, Federico; observo que opinas como AQUEL, cuando, ingenuamente, decía:
“Don Quijote soy, y mi profesión la de andante caballería.
Son mis leyes, el deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal.
 
Huyo de la vida regalada, de la ambición y la hipocresía.

Y busco para mi propia gloria la senda más angosta y difícil.

 
Como bien comenta Federico  en http://www.donquijoteliberado.com/pdf/carta.pdf, resulta  difícil vencer la resistencia de la endogámica oficialidad académica a cambiar el estado de las cosas. En efecto, según su desgarrada opinión:
En la historia de la investigación científica aparecen catalogados tantos o más fraudes que descubrimientos. La ambición personal y la obnubilación que, a veces, produce la entrega ofuscada a una idea, son la causa de que tanta gente, con más o menos conciencia, decida poner en público unos resultados manipulados y, por tanto, falsos que, en mayor o menor tiempo, acaban desinflándose, porque la credibilidad de los descubrimientos se demuestra con experimentos y teorías comprobables. Pero, además de esos fraudes realizados por los investigadores para falsear los decepcionantes resultados de sus estudios, existen otros, menos frecuentes, aunque también de dimensiones extraordinarias y que podríamos denominar como ‘fraudes por omisión’.

Según hemos recogido de los fondos de la Biblioteca Nacional de España, Federico es autor de varios libros, entre ellos:

-          Zolojo, Mérida, 1991.
-         ¡Mi padre!, Mérida,  1995.
-         El triunfo de Don Quijote, Sevilla, 2002.
-         Don Quijote bálsamo-yelmo y emperador de la China, Sevilla, 2007.
-         Don Quijote peregrino entre Loyola-París, Sevilla, 2013.

 
Sobre esta última obra, en  www.apoloybaco.com/literatura/index.php?option encontramos la siguiente reseña:
Descubrir libros que ofrezcan algo nuevo es tarea compleja y difícil ya en el mundo literario, donde uno, cada vez que entra en una librería, piensa de que necesitaría más de una vida, o dos, o siete, para leer todos los volúmenes editados en la lengua hispana. Por eso, cuando llega a nuestras manos, o a nuestros oídos, referencias a textos sorprendentes y excepcionales, hay que celebrarlo y compartirlo de alguna forma. www.apoloybaco.com quiere contribuir a ello con este magnífico libro de Federico Ortés: El Triunfo de Don Quijote, donde el autor expone su teoría sobre el significado del Quijote, su explicación a todos los enigmas o mal considerados errores de la mayor obra de la literatura española y universal, desde el pasado de Alonso Quijano, su personalidad y su afición a los libros de caballerías, hasta la fecha exacta de su muerte, pasando a tratar otros temas como el porqué de la idea del camino como eje central de la novela, el nombre de Dulcinea o la esencia del bálsamo de Fierabrás.
Federico Ortés, tras largos años de estudio e investigación, ha plantado bases sólidas a su teoría, y desarrolla en su obra la conexión entre el texto escrito por Miguel de Cervantes y el libro autobiográfico de Ignacio de Loyola titulado Relato del peregrino. La conexión entre Loyola y Don Quijote ya fue intuida con anterioridad por otros prestigiosos cervantistas (Bowle, Unamuno,...) pero ellos sólo hacían referencia a la Vida de Ignacio de Loyola; la novedad de la obra de Federico Ortés es encontrar dicho paralelismo con la obra Relato del peregrino de una manera exacta y sorprendente.
Como dice el propio autor en su preámbulo, Os invito, pues, a conocer uno de las historias más fascinantes de la literatura universal, algo sin precedentes conocidos, un nuevo Cervantes, presentado definitivamente como adalid de la libertad y como valiente luchador contra la opresión y la falsedad de la Historia. Con esa voluntad de denuncia se escribió el Quijote, cuyos primeros ocho capítulos son una parodia genial de los ocho primeros capítulos del Relato, y los restantes una combinación fantástica, un juego permanente de imitación entre el Relato, la Vida y los libros de caballerías, que son, en realidad, el subterfugio utilizado por Cervantes para hacer una crítica despiadada a los libros religiosos, auténticos comecocos de la época con sus falsos milagros e infinidad de mentiras.

Y todo ello lo podéis descubrir visitando la página http://www.donquijoteliberado.com, donde encontraréis muchas más información sobre esta teoría, así como el libro completo en versión html descargable a pdf.
Gracias, Federico. Insiste; no te rindas, pues eso es lo que esperan los necios bobalicones.
 

viernes, 19 de febrero de 2016

LLERENA EN EL ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL DE MADRID


 
 


Llerena, como centro administrativo de extraordinaria importancia sostenida durante más de 500 años, aparece en multitud de documentos custodiados en los más significados archivos nacionales, autonómicos y provinciales. Por ello, podemos localizar numerosas referencias sobre nuestra ciudad en el ARCHIVO HISTORICO NACIONAL (Madrid),  el ARCHIVO GENERAL DE INDIAS (Sevilla), el ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS, el ARCHIVO GENERAL DE LA NOBLEZA (Toledo), el ARCHIVO DE LA REAL CHANCILLERÍA DE GRANADA, el ARCHIVO DIOCESANO DE BADAJOZ (Sec. PRIORATO DE LLERENA) y en otros muchos de carácter provincial.

        Sin duda, el fondo documental más importante sobre Llerena lo encontramos en la propia ciudad, desglosado en dos secciones importantes: el ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL y el ARCHIVO DE PROTOCOLOS NOTARIALES. Pero, pese al importante volumen conservado, estimamos que no representa más allá del 10% de los documentos generados a lo largo de tan dilatado periodo histórico, pues falta casi toda la documentación perteneciente a la SECCIÓN JUDICIAL, el de la MESA MAESTRAL y  ENCOMIENDAS, el de la RECEPTORIA DE RENTAS REALES y la totalidad del correspondiente al provisorato y las parroquias, conventos, hospitales, capellanías, ermitas…, además de los expoliados e inutilizados por humedades, roedores, xilófagos, etc.

        Pues bien, los principales archivos tienen por costumbre seleccionar, exponer y publicitar con cierta periodicidad algunos de los documentos más significativos o curiosos de los que custodian, como el que hemos puesto en la cabecera, que pertenece al ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL (Madrid) y tiene la especial particularidad de referirse a Llerena.
 
 
 
 

        Los estudiosos de la Historia Llerena ya conocíamos el documento, pues hemos tenido la suerte de leer un interesantísimo artículo de don FRANCISCO MATEOS ASCACIBAR (“Nuevas aportaciones documentales sobre el urbanismo de la ciudad de Llerena y su Historia”) publicado en las Actas de las  XIV Jornadas de Historia en Llerena, edición de 2013, estudio ampliado con la intervención del mismo autor (“La Iglesia Mayor de Llerena”) en las XVI Jornadas de Historia celebradas en octubre de 2015, en este último caso con la coautoría de ÁNGEL HERNÁNDEZ GARCÍA. Y, todo ello ilustrado con el excelente documental que Producciones Morrimer presentó en las XVI Jornadas, que lleva por título “Recorrido histórico y virtual por la Llerena del Siglo de las Luces: la Plaza Mayor”.
 
 

 

jueves, 4 de febrero de 2016

DIA MUNDIAL CONTRA EL CÁNCER


 
 
¡Hola amig@!

En esta ocasión no voy a contarte ninguna historieta, pues tengo algo más importante de lo que hablarte.


Hoy, 4 de febrero, se ha convenido en declararlo como Día Mundial contra el Cáncer, y la Asociación Española, y otras organizaciones similares, precisan de tu ayuda.


En primer lugar piden que te cuides, vigiles tu salud, sigas las recomendaciones preventivas aconsejadas por los médicos y evites los factores usuales de riesgo.

También, que animes, alivies y comprendas a los que padecemos la enfermedad y sufrimos los molestos efectos secundarios de s tratamientos.

Por último, que colabores con estas asociaciones en sus distintos requerimientos.


De paso, te cuento que, precisamente hoy hace un año que extirparon el lóbulo superior izquierdo de mis pulmones. Gracias a Dios, la Naturaleza, las Ciencias, la Tecnología, los médicos, el personal sanitario, tu ayuda y la de mi familia me encuentro bien, pues de esto se sale.

Gracias 

martes, 29 de diciembre de 2015

LOTERÍA DE NAVIDAD, 2015






De la página WEB del Ayuntamiento de Llerena hemos recogido una noticia, que no hace más que ratificar la importancia que tuvo la ciudad y sus naturales en el pasado. Se refiere al origen llerenense de Juan del Castillo (finales del XVI-segundo tercio del XVII), autor de la ilustración incluida en los décimos de la lotería navideña de este año de 2015. En absoluto nos debe extrañar o sorprender la noticia, pues en la Llerena del Quinientos eran frecuentes los pintores, escultores, ensambladores, doradores..., de renombre, autores de la mayoría de las obras de arte de la ciudad y su extensa comarca. No obstante, sin que esto signifique menoscabo alguno, por lo que hemos podido recoger de los mejores especialistas de arte actuales, el lugar de nacimiento de Juan del Castillo es confuso, encontrando referencias que lo sitúan en Córdoba, Sevilla, Azuaga o Llerena, aumentando la confusión cuando se le identifica o intenta relacionar con Agustín del Castillo, otro pintor coetáneo también de origen dudoso (Córdoba, Azuaga...) .  En cualquier caso, la noticia a la que hacemos referencia dice así:

El décimo de lotería de Navidad 2015 está ilustrado por la pintura "La Adoración de los Pastores" de Juan del Castillo, natural de Llerena. Juan del Castillo nació en Llerena y fue bautizado en la Iglesia de Santiago de Llerena el día seis de diciembre de 1587, como así aparece en su acta del Bautismo y que se custodiaba en el Archivo Parroquial de la Iglesia hasta que fue trasladado el año 2013 al Archivo Diocesano de Badajoz.

Este cuadro lo pintó hacia 1636 como parte del Retablo Mayor de la Iglesia del convento dominico de Santa María de Monte Sión de Sevilla, que estaba situado en el mismo lugar del barrio de la Macarena donde hoy se ubica la capilla de la Hermandad de penitencia de Montesión.

La Virgen sostiene los extremos del paño blanco que arropa al Niño, al que rodean San José y un grupo de siete pastores. Entre ellos se encuentra el joven que llama la atención sobre lo que sucede en la escena. «Es un recurso bastante utilizado en la pintura barroca», subraya Rocío Izquierdo, conservadora del Museo de Bellas Artes de Sevilla donde se encuentra el lienzo, concretamente en la Sala V; se expone actualmente esta «Adoración de los Pastores» junto al resto de las pinturas que se conservan del retablo en el que Juan del Castillo narró la vida de la Virgen. «Se halla colocada en el mismo orden en el que se supone que estaban en el retablo original», explica  Rocío; también añade que «esta pintura junto al resto del retablo está considerada, dentro de la producción de Castillo, como de lo más interesante», y recuerda que este pintor barroco «fue el maestro de Murillo y Alonso Cano».


Aprovechamos esta circunstancia para comentar sucintamente algo sobre el origen de las loterías. Así, de la Wikipedia (con nuestro agradecimiento a tan recurrente enciclopedia) hemos recogido el texto que sigue sobre la historia de la lotería en España:

La lotería en España llegó de la mano de Carlos III, que la importó de una tradición de Nápoles y era igual que la ahora llamada Lotería Primitiva. El primer sorteo se llevó a cabo el 10 de diciembre de 1763.

La lotería moderna, tal cual la conocemos, nació en Cádiz en 1811, por iniciativa de Ciriaco González Carvajal, para aportar fondos a la Hacienda Pública que se quedó resentida por la Guerra de la Independencia. La Real Lotería Nacional de España fue creada por instrucción de 25 de noviembre de 1811. Concebida como «un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes», tiene lugar en Cádiz el primer sorteo el 4 de marzo de 1812. Circunscrita en principio a Cádiz y San Fernando, salta después a Ceuta y a toda Andalucía, conforme avanzaba la retirada de los ejércitos napoleónicos. El 28 de febrero de 1814 se celebra el primer sorteo en Madrid, desde entonces sede de la Lotería Nacional de billetes.

Con la vuelta al poder de Fernando VII (1813), impone que se llama "Lotería Moderna" hasta que durante el Trienio Constitucional (1820-23), se vuelve a "Lotería Nacional", pasando otra vez a "Moderna" a la vuelta del absolutismo hasta que después de la muerte de Fernando VII ya pasa definitivamente a "Nacional", incluso en el período de la Guerra Civil, donde cada bando tenía su propia "Lotería Nacional".

Excelente resumen, que nos ayuda a comentar un documento de 1800 localizado en el Archivo Municipal de Valverde de Llerena, de vigente actualidad ante la proliferación de loterías alternativas que, estando al margen de la ley, no parece que los políticos y los jueces encuentren el medio de regularlas.


Pues bien, según el documento que nos ocupa, no ocurrió lo mismo en 1800, una vez que las autoridades detectaron que se permitía en los cafés y casas públicas el juego de la Lotería de cartones, en perjuicio de los intereses de la Real Hacienda. En este caso, las órdenes y disposiciones eran muy claras,  trasmitiéndose desde el Consejo de Hacienda hasta los ayuntamientos, el de Valverde de Llerena en nuestro caso, pasando por el Consejo de Castilla y las dependencias administrativas del gobernador de Llerena. El texto del documento decía así:

Combencido el Rey de los perjuicios que ocasiona al incremento de los Fondos de la Renta de la Lotería el abuso que se ha propagado en muchos Pueblos del Reino de permitir en los cafés y casas públicas el juego de la Lotería de cartones, se ha dignado de mandar Su Majestad terminantemente y por punto general, que quede absolutamente prohibido semejante juego en tales casas, sin que pueda darse licencia con motivo ni pretexto alguno (…) Que los Jueces Ordinarios, intendentes y subdelegados del ramo Zelen el cumplimiento (…) Que en los casos de advertir inoservancia, conozcan en ella y castiguen a los contraventores (…) aplicando la Real Cédula de 0cho de mayo de mil setecientos y ochenta y ocho que se contrae a rifas prohibidas…

Y este fue el texto de la Real Orden que llegó al gobernador de Llerena, para que por su parte Zele y Cuide de su cumplimiento y lo comunique al propio fin a las Justicias de los pueblos (alcaldes ordinarios) de ese partido…

A su vez, el gobernador de Llerena, como solía ocurrir cada vez que recibía distintas disposiciones de entidades administrativas de mayor rango, mediante decreto ordenaba su cumplimiento en la ciudad y en los pueblos del partido de su gobernación, a donde la hacía llegar por vereda, cobrando el encargado de llevar la notificación o vereda una cantidad en proporción a la distancia existente entre  Llerena y el pueblo en cuestión. En este caso, el Decreto que el gobernador de Llerena, don Gregorio de Silva Pantoja, hizo llegar a los alcaldes ordinarios de Valverde de Llerena, decía:

Llerena, a cinco de Mayo de mil ochocientos: Cúmplase esta Real Orden; Notifíquese en esta Ciudad para su efecto y que se pueda pretextar ignoranca; y a fin de que se execute lo propio por las Justicias de los Pueblos de este partido, sáquense copias certificadas y comuníquenseles por vereda circular. Fdo. Gregorio de Silva Pantoja, Gobernador.

Es copia de su original, de que certifico. Llerena, cinco de Mayo de mil ochocientos. El escribano Vicente Abad

 

 

domingo, 22 de noviembre de 2015

JOSÉ IGNACIO DE FIGUEROA Y MENDIETA, UN IMPORTANTE LLERENENSE DEL XIX (1ª parte)


EL LLERENENSE JOSÉ I. DE FIGUEROA Y MENDIETA

Las XVI Jornadas de Historia en Llerena se centraron y dedicaron a conmemorar el 300 aniversario del nacimiento del ingeniero militar y arquitecto, José de Hermosilla y Sandoval, probablemente  el más destacado de los llerenense del XVIII.

Al hilo de esta cuestión de reconocimientos, desde estas páginas estimamos que si tuviésemos que apostar sobre el más ilustre de los llerenenses del XV, seguramente lo haríamos por el maestre santiaguista Alonso de Cárdenas, de origen incierto, pero residente o avecindado en Llerena, villa que el maestre escogió para su enterramiento. La familia Zapata sería, sin duda, la más prestigiosa y linajuda del XVI y, aparte importantes conquistadores, médicos, militares y gente del arte en general, entendemos que los descendientes de Alonso de Cárdenas, Suárez de Figueroa y García Fernández de Villagarcía, sendos maestres santiaguistas, coparon una buena parte del protagonismo de Llerena en el XVII, siendo preciso resaltar la enorme figura de Zurbarán y la de la poetisa Catalina Clara, esta última descendiente de los señores de Villagarcía.

Pues bien, ¿quién sería el llerenense más representativo o influyente del XIX? Sin duda, entre los potenciales aspirantes hemos de considerar a don José Ignacio de Figueroa y Mendieta (Llerena, 1808-Madrid, 1899), prototipo de hombre liberal-conservador, aristócrata y acaudalado del XIX, que prácticamente lo recorrió en su totalidad, dada su dilatada vida.

Desde estas páginas nos hemos propuesto relatar la vida de tan interesante personaje y su importante protagonismo en el XIX, sin atrevernos a opinar sobre aspectos relacionados con su catadura moral, pues carecemos de los datos oportunos. Para esto último, habría que recabar la  opinión que le mereció a los miles de mineros y metalúrgicos que trabajaron para él en las distintas minas y fundiciones que llegó a poseer en Francia y las provincias españolas de Granada, Almería o Jaén. Por esta circunstancia, simplemente tratamos de relatar las andanza de uno de los españoles más acaudalado del siglo XIX (más de 20 millones de duros decían que dejó a sus herederos) y los medios de los que se valió para acumular tanta riqueza este llerenense descendiente de una de las ramas segundonas del maestre Suárez de Figueroa.

En la página www.adracultural.es/pdf/plomo/mendieta encontramos una interesante biografía del personaje. Corresponde al área cultural del Ayuntamiento de Adra, donde don José Ignacio vivió una buena parte de su vida. Según la referencia citada, José Ignacio de Figueroa y Mendieta nació el 22 de abril de 1808 en Llerena, siendo el único hijo de otro llerenense, don Luis de Figueroa y Casaus, fundador de una importante empresa minero-metalúrgica centralizada en Marsella, y a quien heredó en 1853.

Se educó en París, lugar de acomodo de la familia tras la Guerra de la Independencia, donde se refugiaron sus afrancesados padres. Desde muy joven se interesó por los asuntos empresariales familiares, haciéndose cargo de aquellos ubicados en Adra, desde donde la familiar logró controlar el monopolio de la extracción y metalurgia del plomo en Andalucía Oriental.

En Adra, su atractivo personal y el gustos y refinamiento del que hacía gala el joven millonario, cautivó a Ana María Martínez, hija del administrador de la casa Figueroa en esta localidad almeriense, entablando una relación de la que nacieron dos hijos (1840 y 1842), que José Ignacio se resistió a reconocer durante más de 40 años, quedando obligado a aceptar su paternidad tras una sentencia del Tribunal Supremo en 1886.

        Sus padres no aceptaban esta relación, aconsejándole su traslado a Madrid, donde el joven millonario se estableció en 1845 con la firme decisión de adquirir una rápida ascensión social, objetivo que consiguió gracias a la amistad de la familia con la Reina Madre María Cristina de Borbón, la madre de Isabel II, que por entonces sufría un acomodado exilio en territorio francés.

Con estas credenciales, conoció a Ana de Torres, Córdoba, Sotomayor y Romo de Tovar y Bedoya, vizcondesa de Irueste y, a la vez, hija única y huérfana de José de Torres, marqués de Villamejor, que había fallecido en la indigencia. La viuda de este último fue incapaz de afrontar los gastos que conllevaba el mantenimiento de los títulos honoríficos familiares (marquesado de Villamejor, vizcondado de Irueste y señorío de Romanones y Tovar), viéndose forzada a suspender su tenuta por falta de pago a la hacienda real.


La boda con Ana de Torres se celebró en Madrid, el 20 de marzo de 1852, entrando así el llerenense en el selecto y reducido círculo de los títulos nobiliarios, pues, como medida más inmediata, pagó los derechos reales pendientes de liquidar, rehabilitando y recuperando para sí mismo el título de marqués de Villamejor, además del vizcondado y los señoríos citados, títulos que más adelante ostentarían sus  importantes e influyentes descendientes, elevando el vizcondado y los señoríos al rango de condados (Irueste, Romanones y Tovar).

El matrimonio trasladó su residencia a Francia. Primero a París y al año siguiente a Marsella, donde se hizo cargo directamente de los negocios familiares. En 1860, cuando Marsella dejó de ser puerto estratégico para el control del comercio del plomo europeo, don José Ignacio tomó la decisión de regresar a España, fijando su residencia en Madrid.

Ya en la capital del reino, trasladó sus negocios a la zona de Linares y La Carolina, donde el marqués se convertiría en uno de los principales empresarios de la minería y la metalurgia del plomo en el continente, participando en importantes operaciones financieras, además de interesarse por el negocio inmobiliario.

En efecto, sólo en Madrid adquirió más de 200 fincas urbanas, entre las que destacaba el palacete familiar que se hizo construir en la más selecta zona de la capital. En el blog manuelblasmartinezmapes.blogspot.com/.../Ignacio…, bajo el títuloIgnacio Figueroa y Mendieta, marqués de Villamejor: Una vida bien aprovechada”, el autor incluye una interesante biografía sobre el personaje, añadiendo cumplida información sobre su residencia en Madrid.


El referido Blas Martínez ubica el palacete sede de la residencia familiar al comienzo del Paseo de la Castellana, cerca de la Plaza de Colón, congratulándose de que se conservara casi indemne, y de que sobreviviera a los estragos de la piqueta demoledora de las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo, que dio al traste con numerosos edificios de esta naturaleza.

Más adelante, su propiedad fue transferida al infante don Carlos de Borbón, adquiriéndola después el Estado para dedicarlo a sede de la presidencia del Consejo de Ministros entre 1914 y 1977, y, más adelante, como sede  del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas.

Completando la biografía de este acaudalado llerenense, el primer conde de Romanones, el más influyente de sus hijos, refiere en sus memorias importantes y cariñosos datos sobre su padre. Así, resalta la  temeridad y desprecio al peligro de que hacía gala, dando cuenta de los muchos lances de honor en los que intervino, aparte de la gran afición a los caballos, siendo dueño de la famosa cuadra del Negralejo, cercana a Madrid.

También resalta la faceta más oculta de literato y artista (poeta, dibujante y pintor más que aficionado), aparte del dominio del francés y el idioma de Shakespeare, a quien traducía. Y sin embargo, según sigue diciendo Romanones en sus memorias, don José Ignacio fue hombre trabajador y sencillo, poco propicio a los títulos y honore

Cultivó también nuestro personaje el campo de la política, actividad de la que se derivarían importantes ayudas para sus empresas. Así, fue diputado a Cortes por Guadalajara entre 1864 y 1868, provincia en la que se asentaba el feudo familiar del marquesado de Villamejor, y, más tarde, por el distrito gallego de Puentedeume en 1872. Entre 1876 y 1877 repitió como diputado por Guadalajara, concluyendo su actividad política como senador vitalicio hasta su fallecimiento, hecho que ocurrió el 11 de marzo de 1899.